¿Quién tiene más poder? ¿El usuario o el diseñador?

En esencia, el diseño se trata de resolver problemas, ya sea de arquitectura, ingeniería, comunicación, etc. El proceso sigue una metodología similar a la resolución de problemas: definición, investigación, conceptualización, desarrollo, diseño, prototipo y evaluación. El diseñador requiere la habilidad de hacer cambios rápidos durante el proceso, hasta encontrar el resultado esperado.

Para mí un gran problema relacionado con el diseño de estos tiempos es conocer bien el sujeto, el usuario que va a darle función a nuestro proyecto. Ese sujeto que quiere todo ya, ahora, en este momento. Los diseñadores tenemos que tener una gran capacidad para poder comprender lo que el usuario quiere en tiempos muy acotados.

Uno como diseñador puede esperar muchas cosas de su trabajo final, pero al fin y al cabo el que va a darle sentido al producto es el usuario. Muchas veces esto es un problema que tiene que enfrentar el diseñador porque todo su trabajo puede no tener un buen uso, o simplemente diferente para el cual fue creado. El usuario muchas veces quiere intervenir en el diseño y hacerlo a su manera, por lo que el diseñador tiene que enfrentarse a muchas idas y vueltas donde deberá intentar convencer al usuario que es lo que funciona mejor para su proyecto.

El diseñador debe tener una definición clara de los objetivos, entendiendo a los usuarios y contemplando factores como la edad, la experiencia, las limitaciones físicas, las necesidades más especiales, el entorno de trabajo, las influencias sociales y culturales… Tiene que definir el marco de trabajo conceptual para presentar el producto en cuestión con el conocimiento y la experiencia de la audiencia objetivo; a partir de ahí, procede una documentación apropiada a este estado.

La comunicación del diseño mediante el prototipado y establecimiento de un flujo de tareas. Se puede tratar de incluir más aspectos y comprobar la reacción a los mismos de los usuarios objetivo o tratar de centrarse en los detalles de dichos aspectos, en su funcionalidad. La participación del usuario proporciona la inestimable ayuda de determinar en qué medida el producto se está ajustando a las necesidades y a las expectativas creadas. No se trata tanto de evaluar la eficiencia de las tareas y los posibles errores en el diseño, sino de conocer las percepciones del usuario, su satisfacción, sus preguntas, sus problemas.

El gran problema entonces, ¿Quién tiene más poder? ¿El usuario o el diseñador?

 

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