No todos podemos ser Gaudí

En esta triada que planteamos de diseñador – experiencia – usuario nos hemos planteado hasta donde el diseñador domina la pieza que plantea y hasta donde el usuario se apropia de la misma, como a su vez hasta donde el diseñador piensa esa experiencia y como la domina. En el universo universitario, esta experiencia seria el objetivo principal, como este usuario, este otro, atraviesa lo que nosotros planteamos en esta pieza de diseño. Sin embargo en el mundo real, lo que importa, no necesariamente es esta motivación de generar experiencias, mucho menos de pensarlas, sino que la inmediatez y funcionalidad están a la orden del día. ¿Que podemos hacer nosotros como diseñadores? ¿por que el modelo que aprendemos a nivel universitario no se aplica comercialmente? ¿como podemos trabajar de nuestra profesión y a la vez conseguir un valor agregado en la pieza? ¿como un objeto de diseño comercial puede a la vez proponer una experiencia desde nuestra propuesta?.

Mucho del aprendizaje de nuestra profesión tiene que ver con estudiar y aprender la obra de grandes diseñadores y artistas. Todo diseñador conoce a personalidades como Paul Rand, Hitchcock, Hideo Fukuda, Tomas Maldonado, William-Morris, Walter Gropis, Antoni Gaudí, entre otros. Y deteniéndonos a pensar en estos hombres que dejaron un legado, que lograron trasvasar las barreras del mercado para aportar este valor agregado que mencionamos y despierta la pasión que nos provoca diseñar, que supone trascender el limite de lo funcional para lograr generar algo emocional, nos sentimos tremendamente frustrados. Porque no todos podemos ser Gaudí, no todos tenemos ese talento innato que poseían y poseen estas grandes mentes de la historia. No todos pueden dejar un legado histórico y trascendental que cambie el paradigma de lo establecido. Tal vez ante esto y, siendo conscientes de nuestras limitaciones, el objetivo no sea cambiar el mundo, sino tal vez, aportando un ínfimo grano de arena en el desierto aportamos a cambiar el mundo. Librando esas pequeñas batallas que aporten ese valor agregado de lo que queremos contar. Esas pequeñas batallas que mantienen viva nuestra pasión por diseñar y mantiene a la vez las exigencias del mercado. No todos podemos cambiar el mundo porque no todos podemos ser Gaudí, pero si nuestro compromiso mas allá de la necesidad es aportar algo extra, un plus, son esas las pequeñas victorias que nos definen como profesionales del diseño.

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