Relato..

Había una vez una hormiga que quería guardar en un frasco el conocimiento y la sabiduría de toda la humanidad. Cada cosa inteligente que escuchaba de otra persona que tenía más conocimientos que ella, la susurraba en el envase y lo tapaba rápidamente para que todo quedara ahí. Un día la hormiga creyó que el frasco estaba lleno, que ya tenía toda la experiencia y sabiduría que podía llegar a alcanzar, entonces decidió guardarlo en una cueva en lo más profundo de un hueco que había cerca de su cueva. Se ató el frasco a la cintura y trató de trepar unas grandes ramas que se interponían en su camino hacia el hueco, algo que ya había realizado alguna vez. Pero esto parecía resultar imposible. El tamaño del frasco era demasiado grande y le impedía la escalada de las ramas. Intentaba trepar y caía. Una araña que pasaba por allí y a la que la hormiga despreciaba un poco por considerarla un tanto ignorante, le dijo: ‘Si quieres subir, será mejor que te ates el frasco sobre la espalda y no sobre la panza’. La hormiga se dio cuenta de que, aun después de haber juntado sabiduría durante casi toda su existencia, no tenía el conocimiento que la experiencia de lo vivido puede aportar. Este cuento hace referencia a mi problemática planteada. El cliente vendría a ser la hormiga, aquel que cree que sabe todo y más. La araña vendría a ser el diseñador que con su experiencia y sus estudios logra con argumentos claros y concisos ayudar al usuario en su camino. Entonces haciendo referencia a la problemática, ¿Quién tiene más poder la araña o la hormiga?

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