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EL INTERCAMBIO ENRIQUECE

…y el despelote también.

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Todos opinamos, todos creemos, todos editamos y todos agregamos. Las palabras permiten la transmisión de la información, y los colores mantienen la línea de pensamiento de cada uno. Somos un equipo: un grupo de diseñadores, de individuos, trabajando y debatiendo por un fin común.

Diseño, no te tenemos miedo.

CUESTIÓN DE PERSPECTIVA

por Milagros Figueroa, Toma 1.

Somos actores en nuestro contexto. Piezas que se cambian de lugar y adquieren un sentido, pero a la vez, el sentido se entiende desde la perspectiva con que se lo mira. Vamos a ponerle un poco de música a nuestras ideas, y también un poco de color.

Venimos debatiendo clase a clase, sobre las piezas con que construimos un diseño, de las que el diseñador se compone y a la vez, con las que compone. De la forma que tiene esta construcción, de las formas que podría haber tenido en lugar de esa, y con las formas que tendrá en las manos de otro diseñador. Y sin dejar de lado, obviamente, la forma que tiene desde la perspectiva en que el usuario lo mira, ¿es o no la misma que la de creador? ¿son dos caras de la misma moneda? ¿o dos apreciaciones diferentes de lo que esta moneda vale o cuesta? ¿Somos manipuladores de piezas o piezas en el entorno?

Me despido con mi pregunta preferida, ¿cambiando nuestra posición, cambiamos también la perspectiva de quienes nos rodean; o cambiamos sólo nuestro modo de ver lo que otros perciben?

DISEÑO LÚDICO

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Seguimos avanzado, caminando entre modelos, estructuras y relaciones. La analogía del diseño como juego de construcción, con lógica, con ciencia y ¿por qué no? con diversión. A prueba y error, con tenacidad y perseverancia, de a poco vamos llegando a objetivo.

Dejamos una pequeña documentación.

DISEÑO PARA EL CLIENTE O DISEÑO PARA EL PORTFOLIO

por Milagros Figueroa, Toma 1.

Gertrudis y Protacia son diseñadoras gráficas.

Gertrudis dice tener un perfil evocado al diseño. Tiene pocos clientes y esporádicos, con los que lleva a cabo proyectos chicos y de pocas piezas, como logos, invitaciones para eventos, folletería. Su trabajo tiene mucho ajuste, se vale de criterios desarrollados durante años de estudios en la universidad, y es funcional. A la hora de presupuestar su trabajo, tiene en cuenta los años que estudió rigurosamente, la calidad del trabajo que hace, las horas que le toma llegar a dicha calidad. Muchas veces reniegan de sus precios, y ella los fundamenta porque obviamente, están cuidadosamente calculados. A menudo escucha frases como “¿Tanto por un dibujito que te toma media hora?” y otras manifestaciones de la falta de comprensión de parte de sus potenciales clientes acerca de lo que realmente significa su trabajo. No acepta trabajos en los que el precio de su trabajo no coincida con el presupuesto del cliente.

Protacia dice tener un perfil evocado a los negocios. Tiene varios clientes constantes, con los que lleva a cabo proyectos chicos y de pocas piezas, como logos, invitaciones para eventos, folletería. Su trabajo tiene mucho ajuste, se vale de criterios desarrollados durante años de estudios en la universidad, y es funcional. A la hora de presupuestar su trabajo, considera las necesidades y exigencias del cliente, la flexibilidad de la calidad de su trabajo y la cantidad de horas que pretende concederle. Cuando el precio de su trabajo no coincide con el presupuesto del cliente, reduce la calidad y las horas dedicadas al proyecto, pero toma el trabajo igual si es de su interés. Si su criterio profesional no coincide con el gusto del cliente, aconseja, pero no insiste.

Gertrudis tiene un protfolio impecable, con pocos trabajos de los que se siente orgullosa. Pero muchas veces se siente frustrada de lo difícil que es conseguir clientes que paguen lo que realmente vale su trabajo.

Protacia tiene ganancias fijas y se mantiene económicamente sin problemas. Pero muchas veces se siente frustrada de no tener en su portfolio trabajos que realmente reflejen la calidad con la que diseña.

Del Diseño Integral al Diseño Interdisciplinario

por Milagros Figueroa, TOMA 1.

“¿Dónde está la parada del 42? ¿La habré pasado y no la vi? Antes estaba entre las últimas… ¿habrán respetado el orden? ¿O habré cruzado tarde y era de las primeras?”, eran algunas de las preguntas que se arremolinaban en mi mente la primera noche con la obra de Ciudad Universitaria en funcionamiento. Finalmente encontré la parada, era la anteúltima yendo desde el pabellón tres a la rotonda.

Mientras esperaba que llegara el colectivo, miré el cartel que tenía esa información tan valiosa. Era grande, pero el número del colectivo estaba achatado en una esquina, asediado por un gran rectángulo de vacío en desuso. Además, pendía del techo a poca distancia del mismo, pero bastante lejos del piso. Entonces me pregunté por qué lo habrían hecho rectangular, si la caja contenedora del número 42 era casi cuadrada; también me dio curiosidad de que pagaran un cartel grande para tomar la contradictoria decisión de usar una pequeña parte.

Las cavilaciones subieron conmigo al colectivo, y se sentaron junto a la ventana. El diseño de la parada también contemplaba enormes paneles de acrílico –o similar- que estaban vacíos o tenían mapas. En las columnas, las líneas de colectivo habían pegado adhesivos con la información referente al recorrido y a los ramales. Entonces, ¿por qué paneles de acrílico y no carteleras informativas?

Eso me llevó a la pregunta que da origen a este artículo: ¿hubo algún diseñador gráfico durante el proyecto? ¿O fue subcontratado para hacer únicamente los mapas de los diferentes colectivos pero sin conocimiento total del proyecto y los espacios disponibles para señalética?

Legibilidad, orden de lectura, criterio de jerarquías…

Recordé algunos nombres de mediados del siglo pasado. Peter Behrens, Piet Zwart, Theo Van Doesburg, Alexandr Rodchenko. Diseñadores integrales. Conocedores tanto de gráfica como de arquitectura y de arte. Técnicos en impresión. ¿Habrían hecho ellos mejor que nosotros la obra de Ciudad Universitaria?

Una persona, varias disciplinas.

“Como ahora” pensé sarcásticamente “que un diseñador gráfico, tiene que ser también programador, diseñador audiovisual, redactor creativo, director de arte, dominar el inglés como segunda lengua, diseñador de experiencia y con el paso de los años la lista se va haciendo más extensa”. ¿Por qué el mercado, el empleador, sigue creyendo en el súper hombre que resuelve cualquier tipo de problemas, si las carreras que estudiamos son cada vez más específicas?

A fin de cuentas, al formar un estudio propio más vale buscar colegas o socios en otras carreras, que asociarse con compañeros de la misma carrera. Porque al hacerlo, si cada uno no se especializa en cosas diferentes, acabarían subcontratando a profesionales de otras disciplinas. La tercerización implica una buena cuota de trabajo. Es la comunicación del brief, la explicación del proyecto y desarrollo de la idea, la supervisión del camino que tome el subcontratado y obviamente, acuerdos de pago congruentes con el contrato de cobro por el proyecto total. Asociarse interdisciplinariamente parece una opción más enriquecedora a nivel académico y profesional, y también a la hora de resolver problemas de urbanismo o campañas de concientización.

Estamos haciendo el dueño de la pérdida de este diseñador integral y adentrándonos en la interdisciplina. Somos diseñadores de transición. Acostumbrados a resolver problemas con parches creativos, pero no adaptados a solucionarlos desde nuestra y otras profesiones.

¿Por qué Seminario Interdisciplinario para la Urgencia Social es una materia electiva de último año en un horario poco accesible, y no una asignatura obligatoria para todas las disciplinas en un horario de fácil acceso?

¿Por qué los planes académicos no abren las puertas a los espacios que nos preparen mejor para este mundo de exigencias divergentes?